Luisa.

Se sentó en la mesa del café Junnecus, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

—Escribí lo que me pidió. Lo traje lo tengo acá ¿Quiere leerlo? ¿No quiere? ¿Cómo me estoy sintiendo? No se... Ahora muy b… ¿Ahora? Yo que se…. ¿Con respecto a Luisa? No se… ¿Arrepentido? Ya pasaron doce años…Es mucho tiempo ¿No doctor?…Luisa siempre se burlaba de los compañeros “becados” y todo eso. Igual estuve mal. Pero era viva, se cuidaba muy bien de no portarse mal adelante de los sacerdotes y de las personas. Igual yo se que estuve mal. Por eso la querían… ¿Esta grabando? No si, si… Si. Estoy arrepentido. Me doy cuenta.Pero en serio; si quiere le leo lo que escribí. ¿Se lo puedo leer? Se lo leo. Ahí va:

“Cuando llegaba al colegio en el elegante coche de su papá, el blanco implacable de su tunica perfecta desplazaba a todas las demás túnicas hacia los tonos de gris. Su pelo, estirado a más no poder terminaba en una agraciada pelotita sobre su cabeza. El mensaje de su peinado era claro”

—No quiero pegarme tus piojos decía. Jeje…Bien. Sigo leyendo:

“En general, su belleza era horrible. Luisa solía abusar de los perfumitos, los collares, las pulseras y todo lo caro e inútil que una niña idiota de clase alta pudiera desear. Su actitud era la de una perrita consentida que repetía las mismas gracias una y otra vez esperando orgullosa su recompensa. El elogio, la buena nota y el pabellón nacional eran los indignos huesos de cada día.
A los maestros les gustaba refregarnos las notas de Luisa a fin de mes y nos la ponían de ejemplo en cuanto podían. Por supuesto, la odiábamos. A ella parecía no importarle mucho porque era mejor que todos nosotros. ¿La verdadera razón del éxito de Luisa en el colegio? Sus padres eran ricos, los curas ambiciosos y los profesores pobres”

“Nos quedamos solos en el aula durante aquel recreo. Ella decía algo y yo no la escuchaba. Sus ojos grises de zorro me miraban. Sonreía…De repente me di cuenta del profundo asco que Luisa me provocaba. Simplemente no aguanté más. Pensé que semejante ser no tenía derecho a ocupar un espacio en el mundo de los buenos y la maté. Finalmente, es gracias al doctor Cavalcanti que logre avanzar dentro de mi conciencia y encontrar la respuesta: Fue un error matarla y estoy arrepentido. Ahora me doy cuenta que al hacerlo la convertí en santa cuando en realidad era una mala persona.”
-Listo, terminó. ¿Qué le pareció doctor?...

Junnecus.

2 comentarios:

  1. Anónimo11:27

    Me encanto!! es un relato distinto .. la interacción con el psiquiatra es fantastica!!

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  2. Anónimo18:59

    Mil gracias amigo!!! Un abrazo.

    Junnecus

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