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Cruces.

Se sentó en la mesa del café Santiago, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

Buen día! Me dijo.

Y siguió con su sonrisa caminando hasta el fin, la ví alejarse, y despedía sueños en forma de pasos dados.
Deseo por Dios, si es que éste existe, cruzarla cuando ya no queden más miedos en mi estantería del sótano, cuando pueda decirle todo lo que siento sin temer rechazo alguno, rechazo que ella nunca demostrará por no contar con tal terrible palabra en su vocabulario.

Después de unos metros, todavía con los ojos sorprendidos, y más que sorprendidos, encandilados, junté fuerzas desde las baldosas que pisaba hasta el cielo que miraba, y todo caprichosamente orquestado por los latidos del corazón que me rebotaban en la garganta y le grité, aún mirando su espalda, y todavía con su sonrisa gravada en mis pupilas:

Más que buen día, el mejor de todos!

Y como si fuera el mejor regalo que nadie nunca me dió, ella giró medio cuerpo, y sin dejar de caminar, mirándome fijo, volvió a sonreír.


Santiago.

El tema.

Se sentó en la mesa del café Santiago, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

Hasta el propio problema desea encontrar su solución.
Al menos así resumo este cielo cuando lo miro hoy.
Esta comodidad no cicatriza la herida.
Está todo tiempo escondiendo la medicina.

Hábitos que le sirven a los cuervos que me vuelan
Levantan pasados nefastos que voy tirando al suelo
Y cuando los abandono me los refriegan en la jeta
Y cuando los desprecio por la espalda del sentimiento me los clavan.

Tengo los oídos del corazón aturdidos de dolor ajeno
Tiene los ojos ciegos, muda la boca y el tacto seco
Trata de despertarse y desde adentro yo le aconsejo
Que recuerde un idioma que no recuerdo pero sospecho

Soy un frasco lleno, en donde cae una gota triste
Y por el otro extremo, rebalsa una gota feliz.
La que cayó va a esperar su turno de rebalsar
Y la que rebalsa festeja estar volando para otro lugar.

Somos el problema que desesperado busca solución
Y sólo estando juntos vamos a curar a este corazón.
Aunque sean señales borrosas, yo las veo hoy.
Medio mapa cada uno tenemos de este laberinto.

Santiago.

Atajo.

Se sentó en la mesa del café Santiago, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

Cierro la persiana mágica y quiero encontrarte ahí adentro, cierro la persiana y todo se vuelve oscuro por un tiempo, para luego empezar a sentir colores, caras, aromas, sabores, recuerdos, odios, rencores, ilusiones, aventuras, pasiones, letras y letras de libros sentidos que se transforman en magia detrás de la persiana, y gracias al sol, también encuentro amores.

Pero cerrar la persiana mágica es irme a dormir sin vos… y yo me pregunto, cuando te abrace, cuando te bese, cuando te tenga bien cerca mío, mucho más cerca que este brutal desafío de amarte sin verte… que nos deparan las siestas abrazados? Cuan tranquilo voy a estar cuando te sienta al lado mío? cuantas historias vamos a desayunarnos entre besos y caricias cuando sepamos que al despertar nos espera un remolino?.

Ansiedad de amor es una buena forma de reemplazar tu ausencia y de eliminar el dolor que me da hoy no tenerte. Pero no desespero más, sé que algún día te voy a encontrar, es que confío en mi suerte. Mucho más que extrañarte, y eso que es mucho lo que te extraño, yo deseo con cada parte de mi vida encontrarte, y sé que lo voy a hacer, aunque sea cerrando la persiana mágica y llenándonos de besos arriba de un avioncito de papel, un papel que nos describe como amantes eternos, sin tiempo, sin distancias ni nada que impida nuestro encuentro, en sueños o en tierra firme, volando o cicatrizando las alas, pero juntos, siempre luchando, festejando que nuestra unión excede todo límite.

Y quizá sólo sea mirarnos a los ojos, el único atajo que nos quede atravesar, desde la soledad hasta la felicidad.
Santiago.

Los estados.

Se sentó en la mesa del café Santiago, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:


Los estados hoy en día
En que se mueve mi cara
Hace rato que no ríen
Y hace mucho que callan.

Llevan semanas llorando
Derramando su ignorancia
Llevan años que ya son litros
Piletas de llanto ignorante.

Cuando me río me condeno
Por no entender la sonrisa
Por ver que el mundo se pisa
A sí mismo y no le importa.

Cuando me río me encierro
Entre paredes preguntonas
¿Es ese llanto o esa risa
ignorancia o sabiduría?.


No entiendo la lucha mía
Peleo con lo de afuera
Ajeno a lo de adentro
¿Liberar el animal es bueno?


Mi festejo está cansado
Mi llanto, casi está seco.
Todo mi, ese es mi ego.
Necesito vivir sin espejos un tiempo.

Santiago.

Un adiós a mi mismo.

Se sentó en la mesa del café Santiago, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:


Otra vez, la culpa me espera,
Ahí nomas, en forma de ojos despiertos
Que conocen mi sordera,
En forma de abrazos me espera la culpa,
En forma de gritos desesperados de amor
Adentro de ojos que me ven desganado.
No la quiero sentir mas mía.
La quiero ajena, la quiero infantil
La quiero perdonar pero no la puedo
Aunque la sepa infantil, aunque la sepa ignorante
A mi culpa no la puedo perdonar
Porque se perdonar a todo
Menos a los pasos que yo mismo doy
Pisando los brotes, ignorando su vida
Vida que nunca tendría que haber ignorado
Que cantó, que observó, que reconoció
Que educó, que rimó, que sufrió
Todo este tiempo mi ignorancia de amor
Es tener en el pecho tan grande la bomba
Y sentir que te faltan las pinzas para desactivarla
Y preguntarse hasta que punto aguantar la explosión
Total, si explota, seguro es amor.
Y si estalla, y revienta, contagia?
Y cual es la promesa y el sueño a cumplir?
Y mil preguntas dentro de un cerebro tan vil
Tan dictador, tan opresor, tan razonador
Que hasta quiso razonar el amor
Y dejo libre elección de todo al corazón
En un sueño egoísta de un camino y un adiós
Un adiós a mí mismo.

Santiago.