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Desperfectos


Se sentó en la mesa del café Horacio Oliveira, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

Y sentí que, tibiamente, tus manos podían ir mancomunadamente de las mías.

Y supe que podía esbozar los mejores prólogos de los escritos más infames, inspirados en procesiones arrogantes.

Pero sigo mirando en derredor y las ilusiones acatan un desvanecimiento de tiempos intermitentes.

Las trompetas, cuyos sonidos estruendosos desean acallar la jauría.

Mi espera interminable en esta noche templada, quizás, dé como resultado sentirme en el descanso deseado y en el ahogo de narrativas que ayudan a mi impaciencia, por el surgimiento de las más bellas combinaciones de vocales y consonantes que adulen a tu belleza o haga conocer las incongruentes sensaciones en noches que hacen concretar mis más extravagantes sinapsis.

Una mano quiso hurtar este papiro sin ciencia, sin interés por su simbología.

Llegamos a la mitad de las cosas y las sombras ya no provocan deseos, ni ilusiones, solo interrogatorios que hacen más exasperantes mis respuestas, hasta que haya llegado el momento de decir la verdad, aunque, sin mirar a los ojos.

Y nunca sabrá de las estrategias que desvelan mis incertidumbres.

La bondad y las chusma constante provocan óbices para mi sensación de pérdida, de pérdida de momentos, de evocaciones a epitafios que ninguna culpa han de arrogarse por pertenecer a la vereda de enfrente de todo lo que, a su vez, tiene íntima relación con estas palabras.

Temo que esta luz se apague, que no tenga otra opción que plasmarte en algo que había nacido en mí como estandarte, pero que un soslayado lugar ocupa, pese a que pronto saldrá a la luz y será banquete para perros hambrientos.

Pronto todo se convertirá en desierto y me iré hacia la parafernalia, que alguna vez pretérita me ha hecho pensar en el cambio de parecer.

Simplemente tu ausencia se hace presente y la espera ha llegado a su fin.

Me espera otro azar.



Horacio Oliveira.

Miradas

Brian Lauget se sentó a la mesa, echó un vistazo, pidió un café y luego dijo: 


Porque algún día dije, “es algo tan común”… Pero Romualdo no le prestaba atención al color de ojos, él apreciaba la mirada, la manera de mirar. Insistía con que habían muchas miradas, él conocía pocas, pero sabía muy bien cual lo cautivaban. Era solo cuestión de mirar fijamente a los ojos, para saber si era tímida, era rápida, era difícil o simplemente, se hacia la difícil y muchísimas cosas más. Con tan solo poder mirar a los ojos, pero es algo tan común, si miro a una mujer y me queda mirando, está conmigo, le dije... Y fue ahí, que el sintió que debía explicarme la diferencia entre la mirada, y la forma de mirar.
Ahora, cuando tengo a una mujer lo suficientemente cerca como parar mirar más adentro de sus pupilas, miro fijamente, y puedo saber si mañana me acordaré de ella…


Brian Lauget.

Un cuento

Thomas Jhonson se sentó en la mesa, sostuvo su hoja cubierta de tachaduras con café y dijo: "tomemos un sorbo de cafe y sumerjamonos  en este apasionante mundo que la lectura nos ofrece"

One shot to forgetting…
Six shots to falling in THE END.-


Fecha: Jueves 04/10
Hora: 04:37

No puedo pensar con claridad.
Aún no logro conciliar el sueño. Existe una voz en mi interior que me lo impide, que
me mantiene despierto, pero a la vez en un estado detrance y culpabilidad total. Al
menos, así es como creo poder describirlo.
LOCURA
Nunca había odiado tanto como ahora ese reloj que por genraciones ha traído
únicamente desgracias (aunque no todas mis herencias tienen esa suerte).
Ese condenado Tic-Toc se reproduce en mi mente como una campana (una
campana “funeraria”) –Ding-Dong-, y lo detesto por eso.
Cada segundo, cada respiración parece una puñalada en el pecho.
Siento que tengo que sacar algo de mi interior, expulsarol, eliminarlo…Borrarlo de una
vez!
Algunos dicen que las fotografias perdurn para toda la vida…Pero la imagen que mis
ojos captaron al abrir la puerta no se borrará de mi subconsciente ¡JAMÁS!
(Al menos mientras mi corazón siga latiendo…)
Parece que fue ayer cuando Michael (MI MIKEY), de tan solo 7 años estaba en nuestro
jardín jugando con un PAPÁlote. Volaba, volaba, como un pequeño pichón que
despliega sus alas por primera vez, dejando atrás su nido. Pero en este caso, (mi pichón)
nunca regresó y nunca lo hará.
Me encuentro en mi habitación, en un silencio casi total…Una tenue lámpara ilumina
mi escribir, pero no mi conciencia. Unos pasos hacia la derecha se encuentra un armario
de antaño con muchas de mis pertenencias y, hasta hace unos 10 minutos, un arma
Eagle .9mm. Estaba, ya que ahora está junto a mí, brindándome un falso sentimiento de
seguridad y tranquilidad que impacientemente busco, pero no poseo.
La bala en mi mano, suave, un poco fría. La sostengo entre mis dedos, mostrándole un
cierto respeto, aunque no sé exactamente por qué razón.
He ideado un plan. Desde hace un tiempo lo medité fríamente.
¡Ya no sé más qué hacer, no encuentro otra solución!
Toda esta pesadilla llegará a su fin…Cerraré este capítulo de un libro que NUNCA
debió ser escrito.
Creo que es lo correcto, probablemente Mikey así lo querría.
¿O no?
Estoy a punto saberlo.

II

Fecha: 05/10.-
Hora: 06: 53.-

El viejo Roush abría con mucho recelo su puerta para buscar el ejemplar matutino
del “Daily News” y en la portada del mismo había una imagen que lo impactó
demasiado, haciendo que resbalase de sus manos y fuese a parar al suelo.
Era una noticia sobre su vecino, el muy conocido y famoso Dr. James Porter.

Trágico final para el Dr. Porter

Por Craig Flenderson.

Esta mañana, siendo aproximadamente las 10:40, se encontró el cuerpo ya sin vida
del reconocido Dr. James Porter de 35 años de edad. Él mismo habría decidido acabar
con su vida utilizando un arma .9mm que se supone sería una herencia familiar que él
mismo habría recibido de su padre.
La acción tuvo lugar en su propia habitación.
Aparentemente, Porter sufría de depresión y por dicho motivo, consumía antidepresivos.
Según informó como primicia para “Daily News” el farmacéutico Matt Stewart, en
las últimas semanas Porter había comprado altas dosis de diferentes antiansiolíticos
y antidepresivos como Salistín y Meródeo. La policía supone que la razón de su
enfermedad y suicidio era la incapacidad de afrontar la muerte de su hijo Michael unas
semanas atrás.
Continúa en páginas 3-4.

III

Fecha: 06/08.-

La portada de “Daily News” de dicho día rezaba lo siguiente:

Suicidio de niño de 7 conmociona Maidford

Por Craig Flenderson.

Cuando uno piensa en las actividades o juegos que un niño promedio realiza, en lo
primero que puedo llegar a pensar es que, por ejemplo, realizan deportes, video juegos y
demás juegos infantiles acordes a su edad.
Este periodista sabe de la necesidad constante que los niños tienen de llamar la atención
de sus padres de diferentes maneras. Algunos, como el pequeño Michael Porter, lo
hacen ingiriendo una dosis mortal (inconscientemente) de pastillas.
El padre del niño, el reconocido Dr. James Porter, trabaja en el hospital St. George
de lunes a lunes, sin descanso, entre las 06:00 a.m. hasta 06:00 p.m. Incluso a veces
tuvo que hacer guardias, cosa que implicó que él permaneciese allí toda la noche. Esta
misma acción, el padre trabajando hasta altas horas de la noche, con el simple motivo

de mejorar constantemente la calidad de vida de ambos y hacer la vida un poco más
confortable, provocaron, en cierta forma, lo sucedido.
Cabe recordar que el niño había perdido a su madre al nacer y que su padre adoptó todas
las responsabilidades en lo que respecta a la crianza de su hijo.
Al parecer, unos días antes de lo ocurrido, el pequeño Michael había enfermado de
gripe, lo que provocó que su padre no pudiese asistir a trabajar, quedándose en su hogar
tomando cuidado del niño. El pequeño habría protestado cuando se mejoró, ya que su
padre volvería a trabajar con normalidad, con todo lo que eso implicaba.
Por esta razón, decidió “enfermarse” tomando las primeras pastillas que encontró en el
botiquín de su padre. Debido a la alta dosis que ingirió y a su corta edad, resultó mortal.
¿Trabajan los médicos demasiado?
Sigue en páginas 2-5.-
12 de abril de 2011.-

Thomas Jhonson.


Gilgamesh

 Se sentó en la mesa del café DCF, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

La palabra nombra,
lo que se nombra, existe,
lo que se nombra... es

 

Caminaba por la calle principal... de la antigua ciudad de Tebas: rumbo al templo; tapices, alfombras, pan de trigo sin leudar, serían sus ofrendas. La túnica blanca y los ojos delineados en negro, lo protegían del intenso resplandor del sol, de un desierto que acunó, a la madre de todas las religiones.    
A ambos lados, las casas de ladrillo de barro y techo de caña seca, sin cerramientos, formaban un laberinto de pasadizos sobre la arena ondulante y despareja, marcada por las huellas de camellos: caravanas de mercaderes de incienso, aceite, y telas.
Al final del camino, podía verse de lejos, la mayor de todas las construcciones, junto al Nilo, rodeada de jardines donde los escribas, como él, pintaban las palabras mágicas sobre un papiro, dibujaban a dioses y demonios, conjurando sus hechizos en coloridas formas, inquietantes y atractivos diseños.
Al ver al sacerdote, Ani mostró las palmas al cielo, e inclinó su cabeza:
    - El escriba real, esposo de Tútu, ¿qué os ha traído a la morada de los dioses?
    - Me preocupa mi alma inmortal
    - Y hacéis bien en preocuparos, recuerda todos los peligros que ha de enfrentar,    incluso antes, de llegar al juicio de Osiris, donde tu corazón, habrá de ser puesto en la balanza
    - ¿Antes del juicio... qué peligros puede haber?
    - Oh Ani, por el camino os acecharán demonios...     como el escarabajo gigante, capaz de devorar el cuerpo de un muerto -Ani quedó petrificado- y el demonio de la
    serpiente cornuda, que no ha de dudar un segundo, en saltar sobre ti para llenarte de ponzoña
    - Pero... Anubis, ¿no me guiará por el camino?
    - Sí Ani, el Señor del inframundo ha de guiaros por las muchas puertas que deberéis cruzar, pero él no podrá defenderos, y detrás de cada una, os aguarda una obscuridad... aún mayor  -El sacerdote podía ver el terror, creciendo en los ojos de Ani- para sortearlas a todas, necesitaréis pronunciar la palabra de los dioses, la que hallaréis en este papiro, el papiro del eterno despertar 

Ani tomó el papiro de manos del sacerdote, con el cuidado de quien carga, su más preciado y frágil tesoro:
    - ¡Ahora sí, llegaré al salón del juicio!
    - Sí Ani, pero allí tu corazón ha de ser pesado, contra la pluma de la verdad y la justicia, si no pasáis esa prueba, jamás lograreis llegar al campo de cañas, donde os aguarda la dicha eterna, y tu alma, ha de ser devorada por Amith, el quebrantahuesos
    - Pero… mi corazón… no es tan puro
    - Por eso… has de llevar este amuleto, tenéis darlo en mano a la diosa Mahat, para que lo ponga en la balanza en lugar de tu corazón; el habrá de pesar justo
    - ¿Y mi esposa Tútu, podrá pasar conmigo?
    - Ha… para ello necesitareis de un papiro más largo, uno de veinticuatro…
Y el chillido de un halcón, cortó la conversación. Ani se distrajo un momento, observándolo planear, allá en lo alto, luego volvió su vista al frente y observó la enorme construcción que se erguía frente a él, a ambos lados de la puerta principal, los vendedores de palomas y cambistas de monedas, hacían su negocio con los fieles que entraban y salían; un judío pasó junto a él, dejó caer dos dracmas, en una charola de plata, ubicada sobre el pedestal de mármol, junto a la puerta, y se dispuso a entrar… cuando un hombre descalzo, de túnica blanca y melena por los hombros, salió furioso del lugar y comenzó a patear las mesas de los cambistas, haciendo volar las monedas hebreas y romanas por los aires... al grito de:
    - ¡Impíos, estáis convirtiendo el templo de Salomón en una cueva de ladrones!
Y continuó  tomando los bancos donde se sentaban los vendedores de palomas, y los lanzaba con fuerza, lejos del templo de su padre; quienes lo conocen, dicen que esa fue la única vez, en que Jesús, perdió la compostura.
Entonces el halcón volvió a emitir su agudo sonido, y Ani, devolvió la vista al cielo; el ave, apenas una mancha negra en el azul profundo, describía grandes círculos buscando a su presa. Al bajar la vista, pudo ver desde la puerta el interior del templo, donde un hombre subido a un escenario, con un micrófono en la mano, predicaba a viva voz por altoparlante, la palabra de los dioses:
    - ¡Amen... hermanos!
    - ¡Amen...!
Respondieron todos al unísono mientras que el hombre, se bajó del escenario y prendió un fuego, en un tanque de metal en el medio del templo:
    - Escriban sus pecados en un papel... ¡y lancenlo a las llamas donde pertenecen!, dejen que el fuego purifique sus acciones, ¡arrepiéntanse!, y el Señor alejará a los demonios de sus vidas... ¡quémenlos!
    - ¡Amen!
Seguían gritando mientras hacían fila para lanzar sus pecados al fuego y el halcón, volvió a chillar. Ani lo vio cuando se dejaba caer en picada,  y frente a él, el sacerdote de Osiris, ofreciéndole ahora, tres figuras esculpidas en barro:
    - No habréis de querer hacer el trabajo duro en el más allá, llevaros estos esclavos mágicos, ellos habrán de hacer el trabajo sucio por ti
    - Pero, todo esto... ¿cuánto me va ha costar?
    - Con vuestro salario de escriba real, tendréis que pagar      medio año
    - ¡Medio año!
    - Acaso pensáis que es mucho, a cambio de vuestra dicha eterna
Ani aceptó la oferta y se fue de allí, preocupado por la deuda que contrajo... pero feliz, y sabiendo que hacía lo correcto, apenas llegó a su casa corrió donde su mujer para darle la noticia. Esta miró el papiro de veinticuatro metros con ojos bien abiertos y expresivos:
    - ¡Tonto!, no adquiriste la dicha eterna, te vendieron un papiro   

Libertad

 Se sentó en la mesa del café DCF, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:


Anoche tuve un sueño horrible; por la mañana se me hizo realidad; y ahora, por la tarde, se los cuento:

Vi un cabo de grueso hilo, que pendulaba suavemente sobre un fondo gris de cemento, y posada en la cuerda, una mariposa amarilla… que salió volando al temblar la soga, lento, se alejó con su vaivén zigzagueante y más abajo, el cuerpo de un joven meciéndose, mientras la mariposa pasa entre los barrotes a sus espaldas… y se aleja más, cada vez más, de su rostro violáceo, el cuerpo inerte, meado y cagado al espirar, con su último esfuerzo, como todo ahorcado cuando deja de patalear y se mece; la mariposa se pierde finalmente en el cielo azul de afuera, y yo terminé entonces de abrir los ojos, por que entresoñando vi la escena y me incorporé, salté de la cama y comencé a golpear la puerta: -Llavero llavero… ¡enfermería llavero! –y seguí golpeando hasta que todas las celdas comenzaron a golpear conmigo y de pronto, un silbido agudo seguido de un silencio total, pasos, sin prisa, ruido de llaves, y la pesada puerta de hierro que se abre… tarde ya.


DCF.

El vuelo del gorrión.

Se sentó en la mesa del café Lola Sabin, sintió el aroma y dijo:


Había estado horas , aunque no lo supiera, mirando esa mariposa. Opaca, oscura, no volaba. Así y todo ella estaba embelesada mirando su vuelo.
Llegó la noche, mientras miraba como una gota recorría el vidrio del ventanal, en plena lluvía salío a correr por el patio, de charco en charco,  de planta en planta. Con el nuevo día la volvíó a ver, seguía no volando su vuelo sobre la misma piedra que lo había hecho ayer. Claro, en ese momento no lo sabía, no es el destino de la mariposa volar siempre. La mariposa no vive más de un día. Que pena sintió, solo porque no lo sabía. No era el vuelo de la mariposa lo que ella veía.


Lola Sabin.

Esa manera de mirar.

Se sentó en la mesa del café Paxcu, sintió el aroma, tomo un sorbo y dijo:

La abundancia de rostros que me rodean es incomparable a cualquier otra. Las miradas varían según el rincón al cual apunte con mis ojos. En ellas se leen, se sienten, se confiesan los pecados más dispares e increíbles. Pero me detengo en sólo tres de estos personajes, este tridente que atrapó mi completa atención.
El primero de ellos, de pupilas grandes, de un color bastante común para el normal de las personas, pero diferente en la manera de reflejar los sentimientos. De reflejarse en ese expresar que, sin decir, tienen los órganos visuales. Rígida y penetrante, profunda y tenebrosa, despliega el temor de quien es beneficiado, o victima, de ser el objetivo de ella. Una ojeada digna de ser evitada por cualquiera, digna de no ser alineada.
El segundo, quizás el mas extraño, posee la amplitud de capacidades en sus verdes ojos. La rareza los parpados casi juntos, denotan un ser extremadamente analítico y crucial en la manera de dirigir los, imaginarios, rayos que salen de su rostro, prácticamente destruyendo al señalado. Casi como si estuviera apuntando acusadoramente con el dedo índice, prácticamente, destinándolo a la perdición. Un singular y despreciable atisbo de esta figura tétrica que, despreocupada, imputa cargos sin discriminación de razas o formas.
La última, quizás las más interesante, la más atractiva. Se esconde detrás de un bello azul radiante que desprende bondad y simpleza, como repartiendo flores a su paso. Despreocupada y carente de maldad, está relegada, insalvablemente, por la pequeñez de su portador. Tal vez algo tímido, algo retraído, espera a que salgan primero sus desconfiados hermanos mayores a revisar. Sus tiempos de reacción son más lentos, quizás por las experiencias pasadas, quizás por miedo a la indiferencia. Pueden ser varias las razones pero, siempre que aparece, conquista corazones, abraza el alma y colma de pasión.
Son tres las miradas, tres muy asimétricas opciones que se agolpan en un solo hombre, una sola mujer. Siempre, o casi, metódicamente como entraron en escena van mostrando sus virtudes, o defectos. Así miramos, así empezamos a conocer, así comenzamos a juzgar y errar. Sin embargo, todavía quedan los que pueden darle lugar a la diminuta y tierna manera de ver, con la esperanza de poder trasmitir con ella más que mil palabras.
                                                                                                                   Paxcu.

Una tercera sombra.

Se sentó en la mesa del café Horacio Oliveira, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:


Y esperaba esa imprecación hacia mí porque llegaba tarde a todos los compromisos. No había demasiada novedad en aquellas actitudes conminativas de desprecio.

Fue una nueva tarde soleada, la gente en derredor, acaso proponía atención a nuestra presencia. Creo haber percibido la existencia, de lo que podríamos llamar una tercera sombra. Pude inferir que nos proponía una especie de mediación. Constituía una tregua entre tu desdén, tu deseo de evasión, tu estructura a punto de establecerse ante la falta de oportunidad, ante tu deseo de ser la estrella más diáfana en los futuros cielos, a los cuales las noches te ofrecían.

El viento anunciaba que era tiempo de sentir nuestros cuerpos sobre la tierra despojada y vituperada por aquellas muchedumbres. El sol no nos ofrecía demasiada luminaria. El frío ya se adueñaba de una suerte de despedida sin retorno, sin cruce de palabras, sin sentencias por apelar. Aquella tercera sombra, como testigo raso de sus ignorancias y pubertades, era una mera intermediaria.

Un determinado calor, un sudor que porfiaba el frío, representaba un aliado.

Los intentos, las reiteraciones. El horizonte proponía su esplendoroso ocaso. Por cuestiones razonables a cosas de las cuales la razón era más que prudente (Aunque se hubiera podido saltar de aquel vagón  que nos transportaba hacia un solo lugar, con un solo objetivo, un solo destino, tal vez errático, tal vez acertado, con los mismos sollozos, con los mismos augurios, con los posteriores estados individuales) decidimos partir. Las calles fueron más que altruistas. Algo pretendía desde mi interior.

Nunca pudimos derribar esos muros impenetrables, jamás decidimos cortar las flores de bellos jardines ajenos, nunca rompimos espejos luego de habernos divisado los rostros en su más mísera versión. Nunca perdimos horas importantes sin interrogarnos ni entablar razones legítimas.

Ya el itinerario llegaba a su fin. La tercera sombra dejó su marca imborrable. Su sonrisa, sumada a su presencia, levantaba su vuelo. Sus ojos bondadosos y con ansias de verdad hacia su mente y corazón, me hizo comprender las conjeturas que ataban a la mía.
Un viento atroz e insurrecto se adueñó de mí en aquel paraje. Pronto habría de llegar siempre a todo aquello que abre las puertas a mi propio mundo.

He llegado. Quizás no ha sido una original réplica de encuentros pretéritos. Tal vez la infamia, la atrocidad del ejercicio de las palabras provocan un hueco más profundo en esta pared(1).




(1) Tiempos nunca olvidados, pero sí condenados ante la infinita posibilidad, acaso remota, de otorgarle otros tipos de prerrogativas a mi destino, lo cual, en prospectiva, me dejaría el margen de ser revestido con otro tipo de título o epíteto o ser atacado por otros eufemismos. Tal vez me hubiera enseñado a ser más indulgente.

\"El ejercicio de tu razón es la que me hace sentir un poco más vivo. Acaso me perdonas por la inocencia, pero en tu alma brilla una nueva oportunidad para mí.\"



Horacio Oliveira.

Música de fondo.

Se sentó en la mesa del café Pay, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:


Solo recuerdo pocas cosas de esa noche, un par de cigarrillos de esos que uno quiere para relajar, varios tragos de más, y la forma tenue que sonaba Joaquín con su aguarrentoza voz…


“Y morirme contigo si te matas
Y matarme contigo si te mueres
Porque el amor cuando no muere mata
Porque amores que matan nunca mueren”


Lo primero que hizo fue mirarse al espejo, al verse desnuda pensó en mis ojos y se largo a reír, y así como llegó se marchó, riendo y soñando en un quizás, desgarrando mis labios con sus besos, tratando de ocultar ese par de lagrimas que salaban su rostro, nunca entendí porque no se jugó por mi en vez de dejarme siempre con la compañía de su ausencia.-


Al poco tiempo la encontré, tan pálida y feliz como siempre, de un paso de acercó y me abofeteo diciendo “aun espero tu lo siento” y me dio un beso mortal con sus labios sabor a almendras, es imposible olvidar, no creo que pueda hacerlo jamás.-


Hablamos un momento de la nada y la invité a tomar algo, siempre le gustó el café y mi compañía, supuse que no me rechazaría y así fue, nos sentamos en el lugar de costumbre que ya no tenia nuestro recuerdo, y con miradas cómplices empezamos a recordar aquel sitio, en un momento se levantó la falda y me señaló un golpe en la pierna, aun seguía con sus misteriosos golpes que no tenían un porque, enfatizó varias veces en que nunca me perdonaría, que después de esa noche todo fue distinto y todo se terminó, que lamentaba que fuera un desvío de su vida, y que por suerte ya casi me olvidó.-


Le comenté que la extrañaba que a pesar de todo siempre le pedí perdón, que un error siempre sucede y que nada se compara con la pasión, que el tiempo nunca cura las heridas y que su adiós fue lo peor, que por mas que no quisiéramos, de una forma u otra iba a pasar, que sigo sin creer en el destino y que por mas que las cicatrices se cuenten por miles, a ella la tengo entre las más bonitas de todas, que me cansé de inventarla a mi lado e imaginarla en mis brazos para siempre.-


No hubo manera de decirnos que no, y el reloj intentó a seguir su rumbo y ya no deseaba los segundos que nos separarían para siempre, tomo su mano y no pienso dejarla ir, pero como siempre ella es quien manda, se levantó me dio un último beso y me dejó ahí sentado viéndola alejarse de mi, con sus manos, que alguna vez fueron mis manos, me saluda y puedo notar unas lagrimas en su cara pero siempre sonriendo, ella nunca deja de reír, y quedo ahí sentado escuchando a Sabina de fondo cantar



“De sobra sabes que eres la primera,
Que no miento si juro que daría
Por ti la vida entera,
Por ti la vida entera”

Pay.

Salaito querido.

 Se sentó en la mesa del café Paxcu, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

Una vez que cruzo las puertas de la calle Mazzini, con mi mágico boleto a la felicidad, todo se transforma y toma color azul y blanco. Mientras camino por detrás del cuadrante que da a espaldas a las casas, voy apreciando como el verde césped brilla de perfección y en lo alto resuenan los bombos y cánticos típicos de la fervorosa hinchada. Las banderas pueblan las escalinatas del lado norte. En el centro una variedad de espectadores, familiares, históricos hinchas, periodistas y, por qué no, algún que otro observador de talentos. En el punto sur, hinchas que se agrupan para safar del sol con la poca sombra que hay, y pibes, como yo, que estamos ahí, solos o acompañados, ansiosos del puntapié inicial.

Mientas mas me acerco, el calor de la tribuna se hace más evidente, el sentimiento comienza a envolverme, a hacerme parte de esta fiesta. Sin pensarlo demasiado, acepto la invitación y busco mi lugar entre aquellos que ya están acomodados. Vestidos con los clásicos colores, con casacas que rememoran glorias pasadas y actuales, con la titular y la suplente. Y también, algún afortunado que posee un gorrito que detalla títulos y campeonatos comparte el lugar entre nosotros. Todos y cada uno de nosotros tiene un pedacito de corazón albo, aunque no siempre se tenga un presente exitoso, siempre estamos.

Con la espera, arranca la ansiedad y el partido, arranca esa ida y vuelta de la caprichosa, como le dijera Wolf. La pelota y los once leones que a sudor y sangre van a darlo todo para poner al querido Salaíto en lo mas alto. El sacrificio de ellos es tan grande que, no deberíamos olvidarlo cuando los resultados no acompañan.

Al unísono se sienten los estruendos de los tambores y el aliento incansable de la gente. Todo el espectáculo esta dispuesto para estos  noventa minutos de agonía extrema.

Mientras el tiempo avanza el corazón pasa por todos los estados posibles, desde la alegría extrema cuando el equipo muestra sus garras, pasando por el tortuoso momento de tener que ir a buscar la bola al fondo de nuestra red. Pero siempre se llega al gozo intenso, al desborde de la racionalidad para dar rienda suelta a la felicidad. Con gritos de guerra que parecieran denostar al rival, para mostrarle en ese festejo de gol que Argentino es grande y su gente también.

El viejo Embarcadero siempre presente y protagonista. Nos regaló dicha, y soportamos tristezas enormes, pero siempre ahí, siempre apostando a salir y estar en lo mas alto. Con corazón teñido de azul y blanco, que se hace sentir entre alientos e insultos al cuervo que toma las decisiones estamos allí, expectantes, impacientes.

Cuando llega el final, los rostros de los seres que me rodeen varían con el resultado de la última hora y media. Cuando la victoria toca a nuestra puerta puede verse júbilo y regocijo entre nosotros, pero cuando la tarde se puso negra pareciéramos raspar el suelo del Olaeta con nuestras largas caras. El hilo de voz que queda es para saludar a aquellos conocidos que hemos hecho en ese templo del fútbol, en nuestra casa.

Ahora solo queda esperar con ansias el próximo sábado, para volver a vivir una nueva experiencia sin igual. Un show que, más allá de los puntos, se disfruta y se sufre, se festeja, y se llora, porque Argentino de Rosario es una dulce condena que nunca se va a terminar.
 

Paxcu.

El sutil encanto del oxímoron.

Se sentó en la mesa del café Pay, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

En un mundo sin etiquetas me vi etiquetado, ciertos rasgos de locura ordinaria hacen que los caprichos sean menos absurdos y mas coherentes a las acciones del inerte sin actos, llevados a ser los que no fuimos, inmersos en una libertad que nos esclaviza día a día, nos comenta con dulzura el tiempo, “vos y yo somos iguales, buscamos que todo transcurra pronto, y mentimos a nuestras verdades, solo para engañar a lo cierto”.-

Tan cuerda como nadie, es la locura que me rodea,  colmado de abismales espacios totalmente llenos de silencios que suenan a gritos, buscando escapar de la nada que nos rodea,  juego a decir mentiras cuando no te extraño y te necesito, la vida que me espera es tan larga como tus suspiros por mi, nula he inexistente.-

Buscando en una imagen un sentido perdido, un débil escalón separa mi cuerpo del ser, tú ser; ya dejé de buscarte y me acomodo sin sentidos en lo que dejaste de mí, pequeño y olvidado en el olvido, sin vida aparente, sin latidos propios y dueño de los tuyos, sin risa más que la de tus labios, sin besos que  me recuerden tu sabor amargo.-

Pay.

Entonces no.

Se sentó en la mesa del café Fede H. pidió un café doble y dijo:

-Y encima la hora la puso ella, ya van quince minutos tarde y no aparece. Eso me pasa por idiota, no tendría que haber venido.

Se pasó los siguientes diez minutos pensando en eso, en su obsesión con esa mina. Cualquier otro se hubiera ido a su casa a lamerse las heridas. Pero él no pudo, quería, necesitaba saber el por que de la negativa, algo completo, desarrollado y racional, como le gustaba que fueran las cosas.

Se quiso prender un pucho: -La puta madre, no se puede...-
Casi nunca venía a capital y generalmente se olvidaba que ya no se podía fumar en los bares. Era algo que le parecía lógico y sano, pero, de todas formas lo incomodaba lo mismo.

Le había echado un NO por la cara y se había subido al primer bondi que pasaba, bondi que probablemente ni siquiera la llevaba a la casa.

-Eso me pasa por hacerme el enamorado en una parada de colectivo- Pensó. -le di la excusa justa para fugarse.

La había conocido un tiempo antes, era amiga de alguna amiga de un amigo de alguien. Habían pegado algo de onda y, después de unos días, la había invitado a tomar algo.
Un café, una tarde de mayo, fue esa la primer cita. A él le parecía linda, interesante y muy inteligente, probablemente mucho mas inteligente  que él. Esa era su opinión al menos. Pero ella desbordaba ambigüedades. Tanto esa tarde como en otras ocasiones que se vieron. Por momentos él sentía que el interés era mutuo, pero a veces le parecía que ella lo miraba como si fuera un plato de sopa de avena: algo, como poco, intrascendente en la vida de alguien.

-Se va todo a la mierda.- Pensó y, despues de pagar el cafe, salió a fumar un cigarrillo a la puerta. Como no iba a estar nervioso, necesitaba respuestas.

Después de un tiempo, en un encuentro casual, la había invitado a tomar algo un viernes a la noche. En un barcito medio perdido en provincia fumaron y tomaron un par de cervezas, charlaron un poco de todo, mientras el intentaba, de mil maneras posibles, caerle bien.

-Capaz que viene, por mas tarde que sea- Pensó y, dudando, volvió a entrar al bar. Habían ocupado su mesa, así que eligió otra, lejos de la ventana. Esta vez pidió un cortado.

No todo iba viento en popa esa noche, porque, alrededor de la una de la mañana, la señorita acusó exceso de sueño y dio la velada por terminada. Caballero el, al menos cuando le convenía, la acompañó a la parada de la desgracia.
Fue ahi que, imaginando que, por lo menos, tenían media hora por delante, tomó coraje y se embarcó en lo que fue una verborragia sobre el amor, el cariño, las asombrosas cualidades de ella y lo interesante que a él le resultaban.
El nunca podía evitarlo, tenía esa horrible tendencia a exagerar todo, ya casi iba por la carrera que debería estudiar el tercer hijo imaginario cuando ella lo dijo: -No, no puedo.- Disparó al tiempo que estiraba el brazo para detener el colectivo. Para cuando él reaccionó, ella estaba a varias cuadras de distancia.

Terminado el café, pensó por un momento en pedirse un tostado pero lo detuvieron dos cosas: que tenía el estómago cerrado por la expectativa y que, probablemente, no le alcanzara la plata.

Recién después empezó todo. En las dos semanas que siguieron la llamó una infinidad de veces, en infinidad de horarios. No buscaba un si, solamente quería saber por que no. Ella casi nunca atendía el celular,  aunque llamara de infinidad de teléfonos diferentes, casi como si tuviera un sexto sentido. Las pocas veces que hablaron ella respondió con evasivas hasta que, finalmente accedió a una ultima cita, solamente con el fin de explayarse en su negativa.

Tostado en mano (iba tener que caminar hasta Constitución) la vio llegar, mas hermosa que nunca. Se dieron un beso, apenas rozando las mejillas y se sentó frente a él.
El ensayó algunas preguntas generales, sobre el clima, su trabajo y alguna otra pavada. Ello lo dejó andar un rato, pero finalmente lo corto secamente.

-Te voy a ser sincera.- Dijo -En este momento, no puedo estar con vos,  ni con nadie. Estoy poseída por Satanás.-

Jaque mate. Ella era una víctima de Satanás, nada menos y el no se sentía como para andar haciéndole reclamos al Señor del Infierno.

Al tiempo se enteró que ella andaba hacia meses con un compañero de trabajo. Le dio un poco de lastima el tipo, de novio con Satanás.

-Me salvé por poco.- Pensó.


Fede H. 

Ella.

Se sentó en la mesa del café Paxcu, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:


Solamente me quedo para mirar unas cuantas veces la misma escena, pero algo en mi quiere irse, estar lejos de este lugar. Sin embargo, me quedo inmóvil contemplando, solamente viendo. Pareciera ser como si mis ojos fueran los únicos capaces de gozar con este espectáculo, pero no, me equivoco. Mis oídos, también, se deleitan con la suave música que comienza a sonar, ritmos lentos y muy agradables, tan placenteros que me convencen de permanecer allí.
Los deseos de abandonar el lugar desaparecen por completo el mismo instante en el que entra en la sala una dama de refinado aspecto y mucho brillo. Una misteriosa y atractiva mujer a la que captan al vuelo mis sentidos. Su camino se acerca a mí, y cuando la tengo cerca, agacho la vista. Pero sigue allí, su intenso perfume, de toques dulces y encantadores, queda registrado en mi memoria.
Busco un nuevo lugar para prepararme mejor para el momento en que me toque participar, pero el temor, lógico, de una experiencia poco exitosa aparece. A pesar de todo, y con mucha convicción, arremeto contra esa “mariposa”. Con un saludo, un tanto amable y otro poco tímido hago mi entrada. Su respuesta, para mi sorpresa y alegría, es casi similar, lejos de ser a lo que no quiero. Su mirada es más cautivante cuando son un par de metros los que nos separan. Escucharla hablar, y contarme sus historias me genera un placer inexplicable. El miedo al fracaso abandona la sala por la misma puerta por la que ella hizo su ingreso.
El tiempo sigue su marcha, los minutos vuelan y aquel enorme sitio pareciera ser la excusa perfecta para nuestro encuentro, la mejor razón para seguir creyendo. Somos ella y yo, nadie más entre nosotros.
Una noche que comenzó dudosa y con pocas expectativas se convierte en el tiempo y espacios justos para los sueños. Una noche de casualidades, y un “Negro” que nos acerca. Una excelente coartada para este encuentro sin igual.



Paxcu.

Volverte a ver.

Se sentó en la mesa del café Paxcu, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:


Con los dientes apretados de bronca escribo líneas de poca forma y versos que nada de sentido tienen. Con el corazón en la mano pongo de reflejo la locura de este momento. Donde nadie entiende y nadie me encuentra. En la soledad de este lugar estamos solos, solo mi consciencia y yo. Nadie más. Nadie menos.


Como si nadie se diera cuenta que existo todos pasan a mi alrededor y con sus miradas nos alejan. Con su desprecio hacen que las distancias sean cada vez mayores. Me acurruco entre mis piernas, como queriendo soltar una lagrima para aflojar la presión en mi pecho pero no sale, hasta ellas parecen habernos abandonado. Enlazo mis brazos alrededor de mis rodillas como buscando protección, un cuidado que nos mantenga remotos de los males, de los dolores.


Por unos instantes pareciera ser efectivo, todo mi mundo termina en mis extremos. Bajo mi cabeza hasta parecer una pequeña bola, o quizás para achicarme e intentar desaparecer de ese lugar. Todo continua de mil maravillas, me siento casi invisible, casi imperceptible, y hasta, imbatible, pero como nada es eterno vuelvo a caer en la realidad.


El frío en la piel me recuerda donde estoy, me mantiene aquí, donde no quiero estar. Y como si fuera un milagro aparece él, sacudiendo la cola de un lado a otro, con la energía que a mí pareciera faltarme. Corriendo, como queriendo apurar el tiempo llega hasta mi, llega a mi abrazo. Su desespero y alegría son gigantes, tanto o mas que las mías de volverlo a ver. Demasiado bruto, con mucha impaciencia, salta y me lame, me besa, me devuelve la sonrisa, me devuelve la vida. Sus cuatro patas me salvan, me rescatan, y siempre me devuelven la curva más hermosa de la vida.


Paxcu.

Cruces.

Se sentó en la mesa del café Santiago, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

Buen día! Me dijo.

Y siguió con su sonrisa caminando hasta el fin, la ví alejarse, y despedía sueños en forma de pasos dados.
Deseo por Dios, si es que éste existe, cruzarla cuando ya no queden más miedos en mi estantería del sótano, cuando pueda decirle todo lo que siento sin temer rechazo alguno, rechazo que ella nunca demostrará por no contar con tal terrible palabra en su vocabulario.

Después de unos metros, todavía con los ojos sorprendidos, y más que sorprendidos, encandilados, junté fuerzas desde las baldosas que pisaba hasta el cielo que miraba, y todo caprichosamente orquestado por los latidos del corazón que me rebotaban en la garganta y le grité, aún mirando su espalda, y todavía con su sonrisa gravada en mis pupilas:

Más que buen día, el mejor de todos!

Y como si fuera el mejor regalo que nadie nunca me dió, ella giró medio cuerpo, y sin dejar de caminar, mirándome fijo, volvió a sonreír.


Santiago.

La hormiguita violeta decide irse de la ciudad.

Se sentó en la mesa del café Arturo, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

Exhausta de amor a hormiguita violeta. Piensa en lo que va a venir. No en el futuro, sino en lo que esta por llegar. Se da cuenta que tiene que estar en movimiento continuo para no olvidarse ni un día quien es y de donde viene. Para no olvidarse ni un segundo que nació para recorrer los caminos. Sin frenar en la frontera, ni en el continente, ni en el mar. Ni el conjuro de los brujos, la detienen.
La hormiguita violeta se aburre de la cuidad, por que en ella no hay por que vivir. La vida no vale, en la ciudad. Seres perdidos en su esencia, sin códigos, perdidos en la noche eterna. Tu tiempo es un momento, que no aprovechas. Tus ojos tienen el color gris del asfalto. La gente sufre por la calle. Hambre, dinero y otros extraños placeres.
Entonces decide marcharse al campo para tener aventuras. Para hacerse amigo de la tierra, para aprender de las plantas, para ver rumbear un arroyo celeste.
La hormiguita tiene el corazón roto, por varias razones. La primera es que confió en un grupo de hormiguitas psicodelicas. Que no lo supieron entender cuando su pecho se rompió en mil pedazos. Cuando todo tembló en su amanecer sin sol. Cuando se sintió mas solo que borracho en un la barra de un bar a las cinco am de la mañana.
Lo dejaron ir hacia ningún lado. No se animaron a tomar su mano para ayudarla a levantarse del suelo mojado y sucio.
Le duele ser abandonada. Creyó en conformar un grupo para afrontar el mundo con el mentón bien alto. Ella ahora los critica por que en verdad sufre la falta de su apoyo personal.
Pareciera que el camino de la hormiguita se hace duro. No tiene dinero, que quizas nunca lo tuvo. Pero ve lagrimas en sus ojitos, que no se sacan y marcan su cara triste.
Y decidió irse del hormiguero, sin ser consciente quizás. Decidió caminos que no eligió.
Pero también entiende a los que no la comprenden. A los que no coinciden en su momento y en su lugar. Por que elije respetar a todos los seres. Por que siempre aprende de todo lo que la rodea. Aunque le lleve tiempo. Por que a ella le gusta entenderse con todo y todos. No como un insecto idiota. Sino como un ser que abre las pupilas del corazón.
Y es ahora momento de partir, para dejar atrás el pasado.
Lo único que lo retiene en la cuidad es la mariposa naranja y negra. Sus besos, su color, sus ojos, su espalda, sus alas, sus antenas. La mariposa es su paz, su calma, su agua que baja fresca de la montaña. Ojala ella pueda seguir a la hormiguita que tanto necesita de sus almas unidas. Es la leña que arde en su hoguera. Cuando están juntos, se vuelven uno mas uno. Sus labios se pegan, y brota la madre selva en todo el mundo. Por que cada besito que se dan, germina una planta de flores hermosas y revolucionarias en algún rincón del planeta.
Su amor es genial, por eso la hormiguita piensa todo el tiempo en su enamorada mariposa naranja y negra. Como si hubieran nacido el uno para el otro.
La hormiga nunca habla desde su dolor, sino desde su aprendizaje. Por que ella nunca deja nada al azar, aunque arriesgue todo, aunque se congele la sangre que fluye en su cuerpo.
Lagrimas caen desde sus ojos perdidos, abrazó la leña prendida fuego. Y se quemó.
Ahora quiere darle ritmo a sus seis patas. Para ejercitar el camino, que siempre esta dispuesto a brindarte un gilgerito amarillo cantando, revoloteando por los alambrados. Que te ilumina la tarde. Que se vuelve optimista. Que te muestra el sendero a sierra maestra. Primera gran victoria del ejercito revolucionario de Ernesto Guevara. Soldado medico argentino, que arriesgo su vida por amor a la vida. Todo para no ver nunca mas, desigualdades en el mundo.
Si viera el ahora nuestra obsesión por no pelear por casi nada que diría?
Nuestros valores se venden en un negocio a todo por dos pesos. Y casi nada de generosidad, compartimos en la vida. Como si fuera algo inútil, como si fuera algo sin sentido, como si no existiera en nuestro mundo la verdad.
¿Se preguntara la hormiguita violeta por que no existe la verdad?.

Arturo.

Sinuoso camino.

Se sentó en la mesa del café El Hombre Lobo, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:




Su marcha comenzó, sabe que no tendrá todas las respuestas, pero hay algunas que las necesita mas que nadie... Necesita entender para seguir... Marche tranquilo, su armadura lo acompañara en este viaje, intentara no abandonarlo, cuidara de usted... Es un camino largo, confuso, plagado de sombras que lo asecharan, secretos que lo rodearan, palabras y frases que lo golpearan, intentando destruirlo... Y solo con el fin, de que su cabeza lo vuelva loco, y termine con todo... Pero a pesar de todo, el ah salido a ese camino... Con la companìa de su fiel corcel, quien no le teme a la muerte, quien esta dispuesto a morir junto a su jinete... Ahí van ellos... El camino comienza a mostrar sus primeras armas de defensa... El apresurarse quizá empeore las cosas, ambos prefieren seguir a paso firme... La cabeza de el, comienza a marearse, frases, palabras, cosas, lo molestan, lo estan destruyendo, su armadura inerte solo puede observar, su corcel, prosigue el paso para sacar a su compañero de ese trance... Cada vez es peor, el animal, decide avanzar velozmente, su jinete esta cada vez peor... Cerca de las montañas, todo parece mejorar, un buen clima, aire fresco, logran reponer al caballero. Durante todo el ascenso el decide, hacerlo a pie junto a su compañero, ya hizo mucho esfuerzo por el... Ya pasaron bosque, montañas, y ahora están adentrándose en una gran llanura que no pareciera tener fin... A cada paso solo encuentran restos de cadáveres, de animales y personas... Pareciera que lo peor esta por comenzar... Poco a poco, se oyen ruidos, voces, resulta confuso distinguirlas, ambos las escuchan, y se están desorientando... Pareciera que vienen desde los pastizales, el desenvaina su espada. Aunque eso puede jugarle en contra... Siguen avanzando a un paso moderado, estando alertas, y siendo cautelosos del camino elegido... A cada paso que se avanza, todo empeora, todo... Hasta ese momento, ese momento exacto, esas voces que no eran extremadamente conocidas, se reconocen, se logra saber de quien son, tantas cosas que escuchamos sin darnos cuentas, tantas que sabíamos y olvidamos, ahora vuelven... Intenta de no escucharlas pero se hace difícil, un golpe en la panza del caballo, este sabe que tiene que hacer, es hora de salir de ahí... Desesperado comienza a correr a toda velocidad, dejando detrás de el una espesa nube de humo... Una calma reina ahora, pero se adentraron en el ojo del huracán, la calma dura nada, las voces vuelven a atormentar, y ahora no solo son voces sino que son personas, personas reconocibles, son aquellos dueños de las voces, ambos se alteran, no puede ser lo que esta ocurriendo... El caballero atónito no puede reaccionar, no esta en condiciones, y otra vez, sale esquivando esas personas molestas, embistiendo a quienes se interponen entre su camino, entre quienes quieren dañar a quien lo monta, a quien lo proeje... Cuando ese fiel corredor, logra mirar hacia atrás, descubre que el camino de vuelta esta bloqueado, cada vez con menos energías, y un caballero inerte sobre si solo queda seguir... Despierta, reducen la marcha a un paso lento, es como si estuvieran a una distancia prudente de quienes los asechan... Paso a paso las cosas cambian de una manera inexplicable, de pronto, la salida, esta a la vista, a unos cuantos kilómetros, pero cerca al fin... Comienzan con su andar nuevamente pero cuando están cerca de la salida, empeora todo dràsticamente, las visiones los dominan a ambos... Ahora queda tan solo nada por hacer... Las voces, de aquellas personas ahora tienen un mundo donde introducir a estos aventureros y confundirlos, ahora pueden sentir todo, no saben que hacer... Correr solo empeora las cosas, estar presente también... Sienten los golpes, sus armaduras ineficaces, impiden el dolor... Un golpe lo lanza de su caballo, lo rodean, su caballo es rodeado y reducido, ambos son tumbados juntos. El, con su espada en mano ataca... Esa afilada hoja de acero que tanto tiempo los acompaño, hoy los mato, hoy murieron como dos amantes... Mueren juntos, hombre y bestia buscando entender su mundo... El camino hacia las respuestas los aniquilo... Ambos murieron buscando aprender del pasado lo que les permitiera continuar... Ese siniestro camino se encargo de su aniquilación, murieron buscando las respuestas, esas que nunca encontraron, por esas cosas que tanto lo lastimaron... El murió...

El Hombre Lobo.

Luisa.

Se sentó en la mesa del café Junnecus, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

—Escribí lo que me pidió. Lo traje lo tengo acá ¿Quiere leerlo? ¿No quiere? ¿Cómo me estoy sintiendo? No se... Ahora muy b… ¿Ahora? Yo que se…. ¿Con respecto a Luisa? No se… ¿Arrepentido? Ya pasaron doce años…Es mucho tiempo ¿No doctor?…Luisa siempre se burlaba de los compañeros “becados” y todo eso. Igual estuve mal. Pero era viva, se cuidaba muy bien de no portarse mal adelante de los sacerdotes y de las personas. Igual yo se que estuve mal. Por eso la querían… ¿Esta grabando? No si, si… Si. Estoy arrepentido. Me doy cuenta.Pero en serio; si quiere le leo lo que escribí. ¿Se lo puedo leer? Se lo leo. Ahí va:

“Cuando llegaba al colegio en el elegante coche de su papá, el blanco implacable de su tunica perfecta desplazaba a todas las demás túnicas hacia los tonos de gris. Su pelo, estirado a más no poder terminaba en una agraciada pelotita sobre su cabeza. El mensaje de su peinado era claro”

—No quiero pegarme tus piojos decía. Jeje…Bien. Sigo leyendo:

“En general, su belleza era horrible. Luisa solía abusar de los perfumitos, los collares, las pulseras y todo lo caro e inútil que una niña idiota de clase alta pudiera desear. Su actitud era la de una perrita consentida que repetía las mismas gracias una y otra vez esperando orgullosa su recompensa. El elogio, la buena nota y el pabellón nacional eran los indignos huesos de cada día.
A los maestros les gustaba refregarnos las notas de Luisa a fin de mes y nos la ponían de ejemplo en cuanto podían. Por supuesto, la odiábamos. A ella parecía no importarle mucho porque era mejor que todos nosotros. ¿La verdadera razón del éxito de Luisa en el colegio? Sus padres eran ricos, los curas ambiciosos y los profesores pobres”

“Nos quedamos solos en el aula durante aquel recreo. Ella decía algo y yo no la escuchaba. Sus ojos grises de zorro me miraban. Sonreía…De repente me di cuenta del profundo asco que Luisa me provocaba. Simplemente no aguanté más. Pensé que semejante ser no tenía derecho a ocupar un espacio en el mundo de los buenos y la maté. Finalmente, es gracias al doctor Cavalcanti que logre avanzar dentro de mi conciencia y encontrar la respuesta: Fue un error matarla y estoy arrepentido. Ahora me doy cuenta que al hacerlo la convertí en santa cuando en realidad era una mala persona.”
-Listo, terminó. ¿Qué le pareció doctor?...

Junnecus.

Ser humano.

Se sentó en la mesa del café Lola Sabin, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

Estaba pensando en ese 19 de Septiembre, recuerdo que me encontré tremendamente enojada con la vida.
En un punto entendí que las personas mienten, agravian, envidian, lastiman, son indiferentes y para colmo de todo eso, como si no fuera suficiente, yo soy una persona, cosa que me enfurecía aún más.
Protegemos con todas nuestras fuerzas nuestro hogar, pero no somos capaces de cuidar el hogar de nuestro hogar.
Somos los mejores seres entre los seres vivos, los preferidos de Dios. ¿Necesito decir algo más?. Cuanta soberbia, prepotencia; somos inquilinos que se creen dueños desconociendo los derechos de sus vecinos.

Ya no cabía dentro de mí, entonces quise refugiarme en la naturaleza, dicen es sabia. Necesitaba algo que no fuera tan destructivo, que me permitiera olvidar, aunque sea un ratito, de donde venía y hacía donde íbamos.

Me relaje con la brisa fresca, que desinteresadamente, me regalaba un árbol bajo su copa; los animales no hacían ruidos sino que hablaban entre ellos, se comunicaban, aunque yo no los comprendiera, lo hacían a su manera, con sus propias reglas.

Cómo olvidar aquel momento ¡Si!, qué sensación rara se apoderó de mí, escuché la melodía más hermosa y envolvente. Algo mágico que me hacía sentir como hacía mucho tiempo que no me sentía.
Por un momento cerré los ojos, tome aire, y los abrí creyendo que San Pedro estaría para recibirme ...
No. Nada de eso mis suelas aún tenían barro y pisaban hojas secas. Era tan hermosa que olvidando que los despreciaba, me dejé llevar por mis instintos, a pesar de todo seguía siendo humana y la curiosidad es parte importante de nosotros.
Así que me aventure, caminé entre algunos arbustos, recuerdo que había muchas ramas secas que al pasar me provocaban comezón, pero como nunca antes, lo sentía dulce.

¡Qué sorpresa cuando llegué!. No podía creer lo que mis ojos me decían.
Como un acto reflejo, los cerré y los volví a abrir, miré a mi alrededor por si era algún tipo de engaño. Pero no, era verdad.
Todo mi mundo empezó nuevamente a tambalear, se me dificultaba respirar, no comprendía, ¿Como podía ser verdad?, si los humanos somos destructivos, malos, sedientos de poder, de competir ... Cómo una simple persona podía crear un sonido tan maravilloso teniendo como único instrumento ... su voz.

Muchas veces nos sentimos tentados de creer que somos los peores, que no valemos nada, que no nos merecemos lo que tenemos, y muchas veces demostramos que es verdad.
Pero no tenemos que olvidar, que también podemos ser asombrosos, creer, crear, soñar, ayudar, comprender, amar, sufrir, sentir dolor, y aún así seguir amando.

Lola Sabin.

Eso.

Se sentó en la mesa del café El Hombre Lobo, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

Y por momentos todo comienza a resultarle confuso, por momentos no sabe que hacer, ya se canso de despedirse...
Y ese dolor vuelve otra vez, lo va a agobiar una vez mas.. Y lo lastima, lo mata cada dia mas...
Cree que nunca va a terminar, busca respuestas y no las consigue... Quiere gritar, pero teme...
Y lo necesita, necesita estallar, pero no quiere que se aleje, como ya hicieron tantos, quienes no debian hacerlo... Y eso es lo que lo atemoriza...
¿Pero que hacer? Se lo pregunta una y otra vez, busca la manera de hacerle entender al mundo... Solo busca la manera de arreglar las cosas. Pero su mundo es distinto al de los demas, y no sabe como actuar correctamente, y solo ve un camino...

Pobre ser, con tanto que no pidio, y con nada de lo que necesito...
Hoy se siente solo, y quienes están en ocasiones lo lastiman, solo quiere que quien este aprenda, que cosas lo lastiman...
Pero en fin de cuentas no es nadie no existe, o no lo debería por lo menos, entonces se consuela en que nadie va a aprender ni tiene porque hacerlo... En que solo existe por el momento, que es un monstruo de transición... el va a morir...
Le molesta saber lo que es, le molesta estar enojado, le molesta en ocasiones ser lo que es, pero no lo puede cambiar, la noche inevitablemente va a llegar... Y todo va a comenzar nuevamente... El dolor lo va a dominar nuevamente... Sus mejillas van a recibir las lagrimas de sus ojos, y nada hay por hacer... Porque las dudas lo rodean, porque le teme a hablar, porque solo espera cumplir y morir... Porque tiene la esperanza de que lo entiendan... Porque espera que todo cambie... Porque espera con ansias el dia en que le digan las cosas, el dia en el que se pueda enterar de quien es...

Mientras tanto no tiene nada que hacer señor, solo aguarde la noche, y encierrese , porque ella viene a toda velocidad, y a condenarlo a llegado...
Bienvenido extraño ser, mitad hombre mitad lobo, ágil, feroz, despiadado, maníaco... Espere encontrar por su cura, algún día...
Esa noche tiene que llegar, esa anhelada noche en la que todo se aclare, esa noche que decida su camino, esa noche en la que se juega la verdad...
Pero por ahora solo se golpea encerrado en esa asfixiante habitación, golpeándose contra todos los muros que lo encarcelan... No desea mas eso, no desea mas sentirse asi... Esta desesperado, esta noche se solto, y nadie sabe de el... En el bosque los animales están calmos, por lo que no debe de estar ahi.. El pueblo esta tranquilo y no hay gritos al viento... Los cóndor no han salido volando de las montañas... Es extraño, nunca logro escapar de su "prisión", la lluvia no para, y hace imposible salir a la playa... Allí debe de estar, le gusta la tranquilidad, el reflejo del cielo en el mar lo debe de tranquilizar...

Ahí esta, tendido en la arena, algo huele mal, no puedo oír su ruda respiración, no siento su mirada amenazante...
La sangre aun se derrama de su cabeza... El arma aun esta tibia...
Y allí aparece ella, frente al occiso... Y el dolor se hace aun mas fuerte en ese instante... Lo arruino definitivamente... Grita, aun sin fuerzas grita como nunca... y se levanta exaltado...

Tranquilo monstruo, tan solo fue un sueño, un hermoso sueño, tan solo pudo ser lo que pasara, la única certeza es que aun no sucedió... Y ahora le teme mas a eso... Y ahora necesita que lo ayuden...
Me recuesto aun sin saber debatiendo si esta sera la noche, y por si acaso, quien me ejecute descansa a mi lado...

El Hombre Lobo.