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Un pensamiento.

El camino diario de vivir, fuera de todo tiempo, debe permitirme apreciar mis reflejos en todo lo que acontece, apreciar el instante desde la conciencia, ir en ascensión plena de una percepción voluntaria y natural de todo, el reconocimiento de las bases humanas, saber que paladear los instintos y reconocerlos en los actos, junto al fuego de las pasiones, aquellas incontenibles  y otras silenciosas, el sentido de la posesión , la palabra que encadena, la que necesito y reconozco como mi adicción al ego, para luego visionar mi propia falacia y verdad en la contemplación de todo.

Las personas transitan todos estos momentos, y que más queda que acompañarlas, o ser parte si permiten las circunstancias. Muchas veces pase por un jardín y me toco apreciar las flores de lejos, otras ser el jardinero, que ya es bastante decir. Normalmente el reconocer nuestros apegos nos libera de estos, claro que tenemos una inercia emocional, aprehendida desde nuestros orígenes, por lo que aún reconocidos la práctica hace al maestro. No sabemos cuánto estamos influidos por nuestros padres, ni cuanto influimos en nuestros hijos hasta que nos buscamos en ello, y llevándolo más allá de satisfacer nuestros monstruos con culpabilidades o responsables, sino en el simple hecho de percibir la belleza, interactuamos entre nosotros en base a ritos y costumbres reflexivas y falaces, con una total impunidad ególatra e inocente, carente de consciencia.
Así me tocó ver como personas allegadas a mí, creaban durante años la herramienta con la que después se castigarían, en una total ignorancia de sí mismos. Otras veces contemplo y escucho el largo argumento de justificar una flagelación del espíritu por el temor a la soledad o al no saber qué hacer.

Toda persona que se acerca a mi termino amándola, todo comienza desde el instante que la veo, dentro de estas personas hay un cúmulo de ellas que son muy íntimas, y con las cuales llegamos a un nivel de interacción sublime, lejos de intentar poseernos o descargar nuestras frustraciones en complicadas exposiciones de ridículo para elevar nuestro ego, el arte de reconocernos es una parte muy difícil en nosotros que a veces nunca llega, dentro de estas personas cercanas a mí, trato de expresarme en forma cierta, en un equilibrio emocional sincero, claro que nunca voy a poder estar completamente en el cuerpo del otro, pero intento abrir mi interior lo más que puedo y de una forma suave y cómoda  aunque a veces  me resulte difícil ver los límites porque hay una condición en la que solamente mostramos lo que queremos que vean.

Quiero que esta exposición extremista sea tomada con una total consciencia de desapego, que lejos está de mi llevar las comparaciones tal cual las voy a exponer al extremo espiritual, y al decirlo libero de mí cualquier dependencia egoísta, aunque entiendo y acepto que su sola expresión causará una entropía, que al fin de cuentas es ineludible, como aquellas que mis amigos viene a descargar en mí en sus inocentes ridiculizaciones de mi persona para sentirse mejor.

Ella decidió, y digo decidió apelando al anterior preámbulo donde esta decisión está atada a un cúmulo de aprehensiones y ritos intrincados, comenzar a cortase un brazo, no encontraba quién la acompañara a hacerlo, lo único que sabía es que alguien que ella quería mucho ya lo había hecho, entonces necesitaba, sentía que debía hacerlo, nadie quería participar en esto, era grande su dolor ya que se sentía abandonada e incomprendida, por dentro le corría el antagonismo de unos que le decían que no era correcto, y por otro lado su instinto irrefrenable que lo acompañaba la sensación de soledad, hasta que como todo en la vida, siempre hay alguien para la tarea indicada, encontró quien la acompañara en tan terrible tarea, y quedó manca, había logrado su cometido, lo raro era que la persona que ella quería la rechazaba a pesar que ahora estaba en su misma condición, pero no importa, el logro de su cometido nadie podía quitárselo y debía saborearlo mientras dure. Fue así que este acto derivó en consolar otras frustraciones, de quienes fueron participes indirectos del mismo, por lo tanto quien puede condenar la acción si sirve para consolar a otros. Entonces aproveché la situación para saciar mi ego, y volcar tantos años de fracasos, y con una total inconsciente falta de piedad lo busque a su padre y le dije: “¿Así que sos el papá de una manca?

Queridos amados, íntimos míos, me muestro así, como me conocen, me dijeron que pienso demasiado las cosas, que debo pensar menos, muchos sienten que soy poco instintivo y de esta forma me privo de gozar la vida, y les digo que disfruto muchísimo de cada instante, lo que si no me voy a reprimir de expresar lo que siento, y menos con quien me considere y acepte como su amigo, muchos se alejaron, otros llegan, algunos permanecen, a todos gracias por ser y permitirme percibirlos.

Deseo que esto sea una expresión de pensamiento en voz alta, compartida con alguien a quien quiero mucho, nada más que eso, la devolución puede ser un simple abrazo en silencio, simplemente.

Gracias
.

Juancqui.

Lo supe.



Se sentó en la mesa del café Juancqui, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:
 
El cristal se rendía en el calor justo,
el soplo lo enfría a su tiempo,
mis manos lo moldearon.
Cada detalle, cada figura,
sin fisuras, ni burbujas.
Mi egoísmo no midió
el movimiento de tu libertad.
El calor de nuestros desenfrenos,
la rispidez de las pasiones,
evitó fisuras y quiebres.
Mis manos no medían
contenerse en frialdades,
o en cambios de tenores.
Cantaba la loca audacia,
de saciar nuestros deseos.
Apenas un pequeño frío,
dejo ver lo frágil,
descubrió el ridículo
de un sueño vano.
Tu grácil cuerpo
abandonó la forma,
y yo encontré mis manos
atravesadas en astillas,
astillas de mi propio egoísmo.
Y lloré.
Llevé mis manos a mis ojos,
Para cegar a ellos
de mi soberbia inútil.
Así mi sangre fue la luz,
que me mostró cuanto mentía.
Entonces lo supe,
ni siquiera tú me amabas.


Juancqui.

Carta Circular

Se sentó en la mesa del café Juancqui, sintió el aroma, tomó un sorbo y dijo:

Amiga:

La vida tiene respuestas tan hermosas, que sé no me alcanzará la misma para disfrutarla. Conocerte fue reencontrarte. Porque de alguna manera sabía que vendrías por mí, para acompañarme con tu cariño en este camino. Lo que más me gusta es que voy a poder ver tu majestuoso vuelo, cuando tus alas se desplieguen y sedientas de cielo, abracen el entorno y te eleven a tu libertad. Contemplarte hasta aquí ya fue un sueño cumplido, llenaste mi tiempo de soledad de esperas, al escuchar tu nombre en el silencio de mi andar, susurrado por mi voz, como si nombrándote invocara un hechizo milenario, una evocación mágica que te pudiera materializar.

Y ahí estás, ya nada puede evitarlo, transitas en un árbol que se despide al costado del camino, en las palabras que permitiste escuchara entre tú y tu futuro y utópico hijo, que coronó aquella lágrima que sostuviste con tu dedo. Demás está decirte que te deseo todo el amor, que ya tienes en ti, pero me permito ser un poco tonto, se que sabrás excusar este exceso que sólo descubre mi alegría.

Esta carta en sí, es un te quiero desmenuzado, un reflejo de lo mucho que amas. Ojala hubiese tenido a alguien que me hablara de todos estos reflejos, mis alas serían de vuelo grácil y fresco, no estarían creciendo recién ahora.

Como veras estoy escribiéndote porque ocupas todo mi tiempo, quiero seguir en mis cosas, pero la concentración sobre ellas se dispersa con tus recuerdos, por eso dije, bueno entonces te escribo, así desahogo este desborde de vos.

Veo como avanzas en tu sabiduría, como a medida que te doy a conocer lo que vi y lo que veo, tu entorno se va transformando y todas las energías en derredor tuyo van transformándose sutilmente, de manera que a forma de un capullo vas preparando tu cambio y preparando la llegada de lo nuevo, la nueva felicidad que te va a venir, por todo ese amor que tenes.

Siento como van a cambiar todas las cosas en tu entorno, tus amistades, allegados, tus seres queridos, ¡Qué bueno!, me conformaré con saberte bien y que de vez en cuando, me escribas algunas líneas, porque ya estás instalada en mi corazón, no te voy a poder despegar aunque dejes de verme.

Que lindo es conocer a alguien y transformarse junto a este, ir sintiendo la elevación del vuelo, no el impulso de una caída, es como sentir los brazos desplegados y una brisa suave que acaricia el rostro, cuando, de improviso, miras hacia abajo ves la plenitud de todo lo activo, pero giras la mirada hacia arriba y ves más, mucho más, otros que te están mirando, algunos cerca, otros más lejos, pero entre ellos más actividad, más amor.

Todo esto es lo que siento ahora, un tesoro que llevaba dentro mío, por tantos años, no lo abría por avaro egoísta, ahora que lo abrí, meto la mano y arrojo el contenido a mi alrededor, para mi sorpresa el contenido más allá de tender a vaciarse, desborda y aumenta, fue este brillo el que te trajo a mí, este brillo enceguecedor, que vibra en mil sonrisas, en una canción de amor permanente, por eso te vi, porque brillabas más.

Nada puede detenerte y lo bueno es que vivo en tu libertad, ya todo vendrá a ti, la niñez que pasó tan rápido y formal, lo abrazos y los besos que te negaron, las miradas sostenidas de quererte hasta lo incontenible, los juegos de querer sin ningún prejuicio, voces que acompañaran la llegada de tus sueños. Por eso es mi deseo que sigas así, en esta eterna contemplación, que te llevó a perdonar todo, lo que tú sabías imperdonable, no por no ser merecedor de perdón, sino porque era así.

Ahora que caminamos juntos y no sé si tendré otra oportunidad ¿Me dejas tomar tu mano?


Gracias por tanto amor, Amiga mía.

Juancqui.