Historias del amor.

Se sentó en la mesa del café S. Vogt, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

Acostado en la hierba,
en la tierra que se vuelve pequeña,
cuando tu imagen baila en mis recuerdos,
cuando el viento me trae la humedad de tus labios,
el vacío del universo se llena de mi alma,
ahora infinita.

De repente el sol no muestra su rostro,
las aves ya no vuelan, una tormenta de llanto me acosa,
tormenta oscura que tiñe mi ser,
llanto que desgarra la fortaleza de las flores.

Te tomo la mano y miro tu rostro,
pálido y sereno como el papel del poema que te regalo,
y te abrazo ya sin mi alma,
porque se fue contigo en tu partida.
Una paloma blanca se pierde en el horizonte.

Una noche sin estrellas marcho tras tus pasos.

Pero un susurro me despierta,
las aves bailan con el sol radiante,
me eleva una caricia,
las flores empapan con perfume tus labios dulces,
cuando tus besos me roban
una lagrima y una sonrisa.

S. Vogt.

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