Un poco de fantasía.

Se sentó Gonzalo en la mesa del café, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:
 
Un poco de fantasía
cada día mas real,
mas tangible, mas concreto,
es el recuerdo
que tengo de tu cuerpo
y mi rostro habla
lo que callan mis miedos

Miedo a haber sido de nuevo,
víctima de mis sueños,
de haber vivido otra vez
una dulce mentira
de haber disfrutado,
como tantas veces esto
que me distrae de lo que busco,
engañándome en un juego

Y me doy cuenta día a día,
que el espiral es mas estrecho
cuando sos mi razón mas sincera
para aguantar este ruedo
y por mas que no sea recíproco,
me doy cuenta que te quiero,
aunque espante la idea
de compartir tus tormentos

Nadie entiende como amo,
de la manera en que me entrego,
actualmente,
esta mal visto ser sincero,
preocuparse por el otro
y rescatar, del otro lo mas bello.

Una época difícil
le toca hoy al amor,
que hasta el mismo tiene precio.
 
Gonzalo.

Hagamos de cuenta.

Se sentó en la mesa del café Fawkes, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

Hagamos de cuenta que nunca pasó nada, podemos hacer de cuenta que todo sigue igual que antes, podemos hacer de cuenta que nunca dejé a nadie, que nunca me abandonaron, que nunca me sentí solo, podemos hacer de cuenta que todo puede mejorar, que el día de mañana puede traer nuevas esperanzas, podemos hacer de cuenta que existe la fe, podemos hacer de cuenta que hay alguien mirando, y que ve todo lo injusto, que tiene en cuenta nuestros sacrificios, podemos hacer de cuenta que no hay problemas, o que las soluciones son simples, y que siempre son las correctas, podemos hacer de cuenta que ser feliz es no es algo difícil, podemos hacer de cuenta que actuamos tal cual hablamos, que vamos a seguir nuestros ideales a muerte sean cuales sean los finales, podemos hacer de cuenta también que los finales son siempre felices, que siempre se consigue eso por lo que uno luchó tanto tiempo y tan duro, podemos hacer de cuenta que todos tienen en cuenta a todos, y que pensamos cuidadosamente cada movimiento antes de hacerlo, fijándonos en no lastimar a nadie. Podemos hacer de cuenta que no existe el miedo, y que cada vivencia nueva es algo que solamente aumenta nuestro conocimiento, que no podemos fallar, que no existe el error, podemos hacer de cuenta que existe el olvido y simplemente podemos suprimir esos recuerdos que nos afectan tanto, podemos hacer de cuenta que no existe la muerte, y que tenemos todo el tiempo del mundo para arreglar nuestros errores, es más, podemos hacer de cuenta que no existe el tiempo, que no existe el poder, que no existe el odio, que no existen cada una de esas cosas que corrompen día a día a las personas.


Pero, siempre estaríamos haciendo de cuenta, si todo sería así… no se llamaría vida, y realmente… ¿tendría sentido vivirla?
Fawkes.

El vuelo del gorrión.

Se sentó en la mesa del café Lola Sabin, sintió el aroma y dijo:


Había estado horas , aunque no lo supiera, mirando esa mariposa. Opaca, oscura, no volaba. Así y todo ella estaba embelesada mirando su vuelo.
Llegó la noche, mientras miraba como una gota recorría el vidrio del ventanal, en plena lluvía salío a correr por el patio, de charco en charco,  de planta en planta. Con el nuevo día la volvíó a ver, seguía no volando su vuelo sobre la misma piedra que lo había hecho ayer. Claro, en ese momento no lo sabía, no es el destino de la mariposa volar siempre. La mariposa no vive más de un día. Que pena sintió, solo porque no lo sabía. No era el vuelo de la mariposa lo que ella veía.


Lola Sabin.

Esa manera de mirar.

Se sentó en la mesa del café Paxcu, sintió el aroma, tomo un sorbo y dijo:

La abundancia de rostros que me rodean es incomparable a cualquier otra. Las miradas varían según el rincón al cual apunte con mis ojos. En ellas se leen, se sienten, se confiesan los pecados más dispares e increíbles. Pero me detengo en sólo tres de estos personajes, este tridente que atrapó mi completa atención.
El primero de ellos, de pupilas grandes, de un color bastante común para el normal de las personas, pero diferente en la manera de reflejar los sentimientos. De reflejarse en ese expresar que, sin decir, tienen los órganos visuales. Rígida y penetrante, profunda y tenebrosa, despliega el temor de quien es beneficiado, o victima, de ser el objetivo de ella. Una ojeada digna de ser evitada por cualquiera, digna de no ser alineada.
El segundo, quizás el mas extraño, posee la amplitud de capacidades en sus verdes ojos. La rareza los parpados casi juntos, denotan un ser extremadamente analítico y crucial en la manera de dirigir los, imaginarios, rayos que salen de su rostro, prácticamente destruyendo al señalado. Casi como si estuviera apuntando acusadoramente con el dedo índice, prácticamente, destinándolo a la perdición. Un singular y despreciable atisbo de esta figura tétrica que, despreocupada, imputa cargos sin discriminación de razas o formas.
La última, quizás las más interesante, la más atractiva. Se esconde detrás de un bello azul radiante que desprende bondad y simpleza, como repartiendo flores a su paso. Despreocupada y carente de maldad, está relegada, insalvablemente, por la pequeñez de su portador. Tal vez algo tímido, algo retraído, espera a que salgan primero sus desconfiados hermanos mayores a revisar. Sus tiempos de reacción son más lentos, quizás por las experiencias pasadas, quizás por miedo a la indiferencia. Pueden ser varias las razones pero, siempre que aparece, conquista corazones, abraza el alma y colma de pasión.
Son tres las miradas, tres muy asimétricas opciones que se agolpan en un solo hombre, una sola mujer. Siempre, o casi, metódicamente como entraron en escena van mostrando sus virtudes, o defectos. Así miramos, así empezamos a conocer, así comenzamos a juzgar y errar. Sin embargo, todavía quedan los que pueden darle lugar a la diminuta y tierna manera de ver, con la esperanza de poder trasmitir con ella más que mil palabras.
                                                                                                                   Paxcu.

¡ Feliz día !

Simplemente.

Se sentó en la mesa del café Leandro Pérez, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:


Es simplemente pedirte,

Suplicarte que bailes

paralizada en mis brazos

y que sientas mi corazón

contraerse por ti,

es simplemente pedirte,

que te quedes aquí,

a mi lado,

que la tierra se detenga,

que la oscuridad

se desvanezca junto a ti.

Es simplemente suplicarte,

Que esta noche

Te quedes aquí.

Leandro Pérez.

Máquina del tiempo.

Se sentó en la mesa del café Cecilio Pastrami, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

Una o dos noches atrás desperté en medio de la oscuridad. Fue un despertar tranquilo, virginal. Supe que estaba en lo profundo de la madrugada; Eso se sabe, hay un silencio único, perfecto a esa hora. 

Creo que por un micro-segundo (es difícil definir esas parcelas de tiempo) eso fue lo único que supe sobre las circunstancias que me rodeaban. La oscuridad era el universo, yo era apenas una conciencia o quizás menos, tan sólo una mirada dirigida hacia un objeto oscuro y pesado situado en frente de la cueva que me contenía.

Recordar aquella sensación primigenia es lo más cerca que estuve jamás de un milagro.


Suavemente fueron descendiendo hacia mí determinadas iluminaciones. Supe que era un ser humano, que habitaba un universo regido por condicionantes de espacio y tiempo, que debía tener características que me denominaban e incluso diferenciaban de millones de otros seres humanos viviendo, pensando, respirando en ese mismo universo. Que tendría un nombre, un tiempo recorrido y uno por recorrer. Está claro que no lo pensé así, ni siquiera fue un pensamiento lineal, fue una intuición que me cayó encima como un balde de agua fría o como un piano.

De una sola vez.


Pero aún faltaban detalles. Detalles que mi razón pedía a gritos. No sabía quién era o dónde estaba. Aunque de tanto mirarlo reconocí aquel objeto oscuro y pesado. Pude entender también que no era una cueva lo que me atrapaba. Yo era una persona acostada, tapada con las mantas hasta la cabeza mirando un armario, un placard de madera oscura. Lo más probable es que tuviera todo un cuerpo bajo esas mantas, pegado a una cabeza que contendría estos ojos que miraban desde dentro de aquella sutil cueva, esta mente que trataba de entender dónde estaba...


Así fue que una primera posibilidad vino a mí. Estaba en un país que se llamaba Argentina. En una provincia que se llamaba Salta. Miraba el placard empotrado en la pared lleno de revistas de música y mantas viejas. Inicios de los noventa. Era Invierno y mi madre pronto vendría a despertarme para ir al colegio. Pensé en el té de desayuno. En las tostadas. En que había tareas de geografía que no había hecho. En la ridícula corbata roja. En mi mamá...


Inmediatamente (o quizás al mismo tiempo) estaba en Córdoba, otra ciudad, mismo país, yo estudiaba allí, mantenido por mis padres. Tanto el alquiler como la comida, tanto la cama como el ropero que yo observaba expectante, estaban pagados por ellos. El año era diez años más (y esto invalidaba mi primera opción) No sabía con exactitud la fecha aunque sabía cuando era, aquella noche había muerto Rodrigo, un cantante de cumbias; Nosotros habíamos salido y habíamos regresado borrachos como casi siempre. A mi lado, a mi espalda dormía mi hermano. Mañana sería domingo, despertaríamos tarde y no tendríamos nada que comer...Estaríamos todo el día con resaca y deseando una sprite que no podríamos comprar....


Pero aún se me presentó una tercera opción que me pareció la más irrisoria y descabellada de todas. Yo vivía en Europa (en el continente, no en el satélite). En España. En una ciudad frente al Mediterráneo. Hacía tiempo que había perdido la esperanza en aquel otro país. Ya casi ni me importaba lo que pasara allí. El armario que miraba era nuestro armario. De María y mío. Ella dormiría a mi lado y pronto se despertaría para ir a trabajar, porque entraba muy temprano. Yo trabajaba de noche, de camarero y de barman también. Quizás pronto nos casaríamos. Me parecía todo demasiado ficticio. Aunque yo siempre había deseado conocer Europa...


Entonces tuve la plena conciencia de que debería volver a dormirme. Que estaba divagando, que aún seguía atrapado por la noche. Aquello no tendría importancia. Al despertar (fuera donde fuera que despertara)ni siquiera lo recordaría. No había una opción correcta, una posibilidad cierta. Tampoco era cuestión de elegir.

Lo más razonable sería seguir durmiendo, seguir soñando, seguir viviendo.



Cecilio Pastrami.

¿Qué quieres tu de mi?

Se sentó en la mesa del café Diero, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

He cruzado mares
para llegar a ti,
he visto las estrellas caer
esperándote,
seque ríos de lagrimas
llorándote... y tú?
Que quieres de mí.
Pase momentos difíciles
por ser escudo en tu defensa,
modifique caminos
hundí huellas en los desiertos,
y empañe cristales en los cielos,
y tú... que quieres tú de mi ?
Invente sueños para verte
pero solo espejos rotos
rajados por el olvido y el dolor,
en ellos pude visualizar,
Vi como el viento se llevo las hojas
que tu convertiste en bollos,
cuales eran cartas
que ayer te escribí,
pero nada me detiene
y aun me pregunto
Qué quieres tu de mí ?
Si el infinito nos separa,
y la noche no te deja ver,
como pretendes comprender
qué es lo que hago hoy aquí.
He cruzado los mares,
en busca de una esperanza,
pase por un viejo sendero,
por las miradas turbias de lo ajeno,
solo por llegar a ti.
Complací tus caprichos
tus inventos y juegos,
y nada es suficiente,
y nada me responde,
qué quieres tu de mí?....

Diero.