La penumbra de mis ojos.

Se sentó en la mesa del café Horacio Oliveira, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

He confesado mis errores aquella noche.
Aquel no era un fiel reflejo de un espejo.
La gravedad de los ojos hace que siempre
divise hacia el horizonte.

Como un oasis en el desierto,
mis palabras desviaban las declaraciones
en los laberintos repletos de almas desconocidas.

Y muevo el cuerpo de un lado hacia otro,
otros osan con su sonrisa y algarabía.
Defenestré aquella mano que se ha posado sobre mí.

Una heroína en su ignorancia,
en contra de su pensamiento,
ha descifrado el mapa recóndito
de la pesadumbre de mis ojos.

Una heroína nunca olvidada
(Siempre su rosa emerge y
desilusiona al vasto jardín circundante)
ha descubierto la arrogancia
y la rebeldía de los míos.

Tal vez fue la conclusión de las incógnitas
y de los desaforadas porfías que acabaron
por derrumbar aquel castillo
(El reinado, según entendidos,
solo se ha dado a conocer por los buenos recuerdos).

Intento furtiva y sigilosamente explorar tus pupilas.
Tus retinas, simplemente,
extienden su brillo para la calma de mis ansias.

Por lo que antecede,
es un ejercicio de reconocida valía
y sus efectos provocan a
quella sensación de alivio a los oídos.


Horacio Holivera.

1 comentario:

  1. Anónimo8:30

    Intento furtiva y sigilosamente explorar tus pupilas.
    Tus retinas, simplemente,
    extienden su brillo para la calma de mis ansias.

    q buena onda leer tantas cosas d distintas personas q piensan o sienten lo q siempre senti q yo solo sentia, esa coneccion magica q no entiend d vestiduras solo piel y sensibilidad

    moooy bueno!!!!!

    Bruno

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