Alegría.

Se sentó en la mesa del café Cecilio Pastrami, sintió el aroma, tomó un sorbo y luego dijo:

Cecilia me dijo que todo había sucedido en una cafetería que estaba a la salida de una de las galerías del centro de Santiago. Esas galerías que serpenteaban a través de las cuadras había dicho. Serpenteaban había dicho y en esa sola palabra yo la descubría de nuevo. Ella usaba esas expresiones: Serpentear , Intrepidez , inferir.
Y eso la hacia aún más adorable.
Y hubiera querido oír estas palabras de su boca.
Fiebre consumista” pensé cuando me comentó que había caminado toda la tarde dando vueltas por el centro. Y con estos calores no lograba llegar a comprender si esta fiebre era la causa o el efecto. Nada raro en ella. Que saliera disparada a conseguir esas remeras multicolores o el juego nuevo de cortinas. Y algún adornito , siempre algún adornito.
Ya me iba a casa” me dijo “cuando los ví. Era imposible no notarlo”.
Fue explosión súbita.
Toda la alegría del verano despertó con el chirrido de sillas que se corrían, risas con destellos femeninos, la cacofonía de diez voces dejando escapar felicidad.
Las guitarras salieron de algún lado , el resto te lo imaginaras me dijo. A los pocos segundos todo aquello se había convertido en un festival folklórico. “Espontaneidad” pensé al mismo tiempo que ella lo pensaba.
Espontaneidad , la hermana gemela de la serpenteneidad pensé que diría.
Pero ella seguía, enajenada; “La gente salía de todas partes, algunos sacaron el celular y empezaron a sacar fotos , otros sacaron el pañuelo y empezaron a sacar chinas, para bailar”. Pronto el espectáculo estaba completo. Folklore con ballet y todo.
Yo lo miraba al mozo que no sabía que hacer , pobre” siguió relatándome. Seguramente muchos de los que se habían sentado en alguna silla no habían consumido nada...
¿Nadie la habrá sacado a bailar?” pensé. Y ella , que tenía esa capacidad única de leerme la mente , me contestó, fiel a su estilo, con una pregunta “¿Podes creer que nadie me sacó a bailar?”
Fotos tampoco saqué” completó para hacerme notar que ya sabía que yo preguntaría eso también.


Yo ya estaba empezando a extrañarla de nuevo. Como siempre que hablábamos de esa manera. La imaginé feliz en el anochecer y recordé que alguna vez la había visto así y su felicidad me despertaba una sonrisa incontenible.
Pero todo se fue desvaneciendo “tan rápido como se había armado la fiesta , se desarmó” siguió contándome.
Algo habrá tenido que ver el mozo-buscapina” pensé y esta vez ella no me leyó la mente.


Seguramente recordaba la misma noche que recordaba yo y que también se desvanecía tan rápido como se había formado: felices al anochecer caminando por el bosquejo de una calle mal iluminada.

 Cecilio Pastrami.

4 comentarios:

  1. Hermoso!! tardé en leerlo pero es más de lo mismo con usted cecilio ... siempre lo mismo, siempre algún cuento que hay que releer y da para pensar y seguir pensando!!

    Esas conexiones que describis son maravillosas y tan increibles como ciertas!!

    Gracias por otro rico café!!

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  2. gracias a vos por el comentario.
    hace mucho q no pones nada ni aqui ni en taringa no??
    b eso

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  3. Anónimo18:25

    MUY LINDO!!!!!!

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  4. Anónimo19:39

    Maravilla...

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