Entonces no.

Se sentó en la mesa del café Fede H. pidió un café doble y dijo:

-Y encima la hora la puso ella, ya van quince minutos tarde y no aparece. Eso me pasa por idiota, no tendría que haber venido.

Se pasó los siguientes diez minutos pensando en eso, en su obsesión con esa mina. Cualquier otro se hubiera ido a su casa a lamerse las heridas. Pero él no pudo, quería, necesitaba saber el por que de la negativa, algo completo, desarrollado y racional, como le gustaba que fueran las cosas.

Se quiso prender un pucho: -La puta madre, no se puede...-
Casi nunca venía a capital y generalmente se olvidaba que ya no se podía fumar en los bares. Era algo que le parecía lógico y sano, pero, de todas formas lo incomodaba lo mismo.

Le había echado un NO por la cara y se había subido al primer bondi que pasaba, bondi que probablemente ni siquiera la llevaba a la casa.

-Eso me pasa por hacerme el enamorado en una parada de colectivo- Pensó. -le di la excusa justa para fugarse.

La había conocido un tiempo antes, era amiga de alguna amiga de un amigo de alguien. Habían pegado algo de onda y, después de unos días, la había invitado a tomar algo.
Un café, una tarde de mayo, fue esa la primer cita. A él le parecía linda, interesante y muy inteligente, probablemente mucho mas inteligente  que él. Esa era su opinión al menos. Pero ella desbordaba ambigüedades. Tanto esa tarde como en otras ocasiones que se vieron. Por momentos él sentía que el interés era mutuo, pero a veces le parecía que ella lo miraba como si fuera un plato de sopa de avena: algo, como poco, intrascendente en la vida de alguien.

-Se va todo a la mierda.- Pensó y, despues de pagar el cafe, salió a fumar un cigarrillo a la puerta. Como no iba a estar nervioso, necesitaba respuestas.

Después de un tiempo, en un encuentro casual, la había invitado a tomar algo un viernes a la noche. En un barcito medio perdido en provincia fumaron y tomaron un par de cervezas, charlaron un poco de todo, mientras el intentaba, de mil maneras posibles, caerle bien.

-Capaz que viene, por mas tarde que sea- Pensó y, dudando, volvió a entrar al bar. Habían ocupado su mesa, así que eligió otra, lejos de la ventana. Esta vez pidió un cortado.

No todo iba viento en popa esa noche, porque, alrededor de la una de la mañana, la señorita acusó exceso de sueño y dio la velada por terminada. Caballero el, al menos cuando le convenía, la acompañó a la parada de la desgracia.
Fue ahi que, imaginando que, por lo menos, tenían media hora por delante, tomó coraje y se embarcó en lo que fue una verborragia sobre el amor, el cariño, las asombrosas cualidades de ella y lo interesante que a él le resultaban.
El nunca podía evitarlo, tenía esa horrible tendencia a exagerar todo, ya casi iba por la carrera que debería estudiar el tercer hijo imaginario cuando ella lo dijo: -No, no puedo.- Disparó al tiempo que estiraba el brazo para detener el colectivo. Para cuando él reaccionó, ella estaba a varias cuadras de distancia.

Terminado el café, pensó por un momento en pedirse un tostado pero lo detuvieron dos cosas: que tenía el estómago cerrado por la expectativa y que, probablemente, no le alcanzara la plata.

Recién después empezó todo. En las dos semanas que siguieron la llamó una infinidad de veces, en infinidad de horarios. No buscaba un si, solamente quería saber por que no. Ella casi nunca atendía el celular,  aunque llamara de infinidad de teléfonos diferentes, casi como si tuviera un sexto sentido. Las pocas veces que hablaron ella respondió con evasivas hasta que, finalmente accedió a una ultima cita, solamente con el fin de explayarse en su negativa.

Tostado en mano (iba tener que caminar hasta Constitución) la vio llegar, mas hermosa que nunca. Se dieron un beso, apenas rozando las mejillas y se sentó frente a él.
El ensayó algunas preguntas generales, sobre el clima, su trabajo y alguna otra pavada. Ello lo dejó andar un rato, pero finalmente lo corto secamente.

-Te voy a ser sincera.- Dijo -En este momento, no puedo estar con vos,  ni con nadie. Estoy poseída por Satanás.-

Jaque mate. Ella era una víctima de Satanás, nada menos y el no se sentía como para andar haciéndole reclamos al Señor del Infierno.

Al tiempo se enteró que ella andaba hacia meses con un compañero de trabajo. Le dio un poco de lastima el tipo, de novio con Satanás.

-Me salvé por poco.- Pensó.


Fede H. 

2 comentarios:

  1. muy bueno. cuando en un cuento veo que la cosa tira para el lado del amor,de la tristeza,de la pérdida y todas esas cosas salgo corriendo...Pero este esta muy bien, sin dramatismo y con un final excelente...
    saludos

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  2. Gracias Cecilio, a veces hay que tomar ciertas cosas con el humor que se merecen. Después de un tiempo, obviamente. De hecho, el relato tiene "algo" de autobiográfico.

    Saludos

    Fede H.

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